Algo que aprendí viajando fue la conciencia del tiempo y la responsabilidad constante de elegir en qué usarlo. Pasé nueve meses sin tener internet en el móvil fuera de casa, sin trabajo y sin planes anticipados de vida social o familiar. Eso me regaló una cantidad de tiempo disponible que es difícil que tenga en Madrid. Básicamente porque no me apropio de él.
Viajar es terapéutico porque devuelve la conciencia del uso del tiempo.
Es espejo de prioridades: lo que interesa es en lo que invertimos horas.
Es la pregunta diaria ¿qué vas a hacer hoy con las horas que tienes disponibles?
Pero, ¿por qué limitarlo solo a viajar?
Decimos constantemente que nos roban el tiempo pero tampoco hacemos mucho por no dejarle la puerta abierta al ladrón.
¿En qué uso mi tiempo? debería ser una de las preguntas que nos hicieramos a diario.
Así que en este post os propongo un ejercicio de conciencia para volver a apropiarnos de eso que damos por hecho: nuestro poder de decisión.
Este ejercicio forma parte de los talleres de autoconocimiento que hago y lo he usado muchas veces en terapia cuando el uso del tiempo es parte del malestar. Además yo lo hago cada cierto tiempo para evaluar por donde voy.
¡Espero que os sirva para iniciar cambios tanto como a mí!
Y tú, ¿en qué inviertes el máximo de tiempo?
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